El bienestar de los colaboradores se ve reflejado en la creatividad, productividad y el compromiso en el trabajo, esto sin importar que prefieras ambientes de trabajo abiertos o privados. Sin embargo, la falta de privacidad ha alcanzado proporciones propias de una crisis en los espacios de trabajo, las preferencias personales y las normas culturales son factores clave a la hora de diseñar con éxito entornos que ofrezcan privacidad.

Sin duda, para llevar a cabo la colaboración con éxito, los colaboradores necesitan poder tener acceso fácil con sus compañeros. Pero, también necesitan un espacio individual, para poder concentrarse. Lamentablemente, los trabajos actuales no ofrecen privacidad como algo imprescindible.

Debemos recordar que un espacio abierto no es peor idea que una oficina en la que solo hay despachos privados. No existe un tipo único de entorno de trabajo óptimo. Se trata de lograr el equilibrio. Lograr el equilibrio adecuado entre el trabajo individual y el trabajo en equipo es crítico para cualquier organización que quiera innovar y avanzar. Pero, ¿cómo lograr este equilibrio?

Para lograr el equilibrio y solucionar el problema de la crisis de la privacidad debemos:

Crear entornos muy diferenciados que permiten a los usuarios elegir el espacio más adecuado para su trabajo, estado de ánimo y personalidad, lo que confiere a la experiencia de la privacidad un carácter personal.

Es decir, que se debe disponer de espacios para el retiro personal, poder mantener conversaciones privadas o realizar trabajo concentrado sin estar a solas también son dimensiones importantes de la privacidad de los espacios de trabajo.

Es importante tener en cuenta que los límites de los espacios de privacidad pueden ser abiertos, apantallados o cerrados, así como que la privacidad puede ser una experiencia individual, de equipo o individual en grupo.

Para satisfacer todas las necesidades de privacidad, es necesario proporcionar espacios para pequeños grupos, así como para individuos.